16.9.17

Campaña del Desierto: una guerra no es un minué

La campaña militar transcurrió desde 1878 hasta 1885.

A punto de cumplirse 140 años de la conquista militar, vale repasar los hechos recordando que es injusto evaluar a personas de otro tiempo con criterios de la actualidad.


 Por supuesto que en la campaña de 1879 se violaron los derechos humanos. También en la Revolución francesa, en la Revolución rusa, en la guerra de 1914 y en la Segunda Guerra Mundial, y por supuesto en la Revolución de Mayo: no olvidar las ejecuciones sin juicio de Santiago de Liniers y don Martín de Álzaga, héroes de la Reconquista.


 Una guerra no es un minué. Se cometen atrocidades. Es injusto, por otra parte, evaluar a personas de otro tiempo con criterios de 2017. Pronto se cumplirán 140 años de la Conquista del Desierto, acabada el 24 de mayo de 1879. Pero, en realidad, el conflicto con los indios comenzó en el siglo XVI y se puede decir que concluyó hacia 1890. Imposible resumir tres siglos en estas líneas.

 Recordemos que, a partir del siglo XVII, los historiadores y los antropólogos hablan de la araucanización de la pampa. Es decir, los araucanos de Chile, encerrados por la geografía, cruzaron los Andes para ganar espacio en la Argentina, donde abundaban los campos, los ganados salvajes y sólo encontraron la débil resistencia de los tehuelches. Los araucanos resultaron ser una raza militar, dotada de un lenguaje claro y fácil (el mapudungún) que fue adoptado desde La Pampa y San Luis hasta la Patagonia Austral. Hoy ya no quedan tehuelcheparlantes. Las tribus constituyeron una fusión de araucanos y tehuelches, con la lengua de los primeros y la vivienda de los segundos: el toldo nómade. El antropólogo Rodolfo Casamiquela señalaba, asombrado: "Los nietos de tehuelches se declaran mapuches" (!). Tanto el caballo como la vaca y el hierro fueron los aportes europeos a la indiada criolla. El proceso se afirmó cuando el chileno Juan Calfucurá (Piedra Azul) cruzó la cordillera, en 1830, con 200 hombres y atacó por sorpresa a los vorogas, originarios de Vorohué (Chile) pero instalados en Salinas Grandes (La Pampa), y pasó a degüello a sus jefes principales: Alón, Rondeado, Melín y varios otros. La tribu se sometió al temible Calfucurá y este fue proclamado, muy pronto, El Napoléon de las Pampas, y cacique general de la Confederación Indígena con asiento en Salinas Grandes.

 En 1855, el ejército araucano comandado por Juan Calfucurá, aliado de la Confederación Argentina, infligió dos duras derrotas al ejército porteño, la primera a Bartolomé Mitre, en la batalla de Sierra Chica, y luego en San Jacinto al general Manuel Hornos, que comandaba una fuerza de tres mil soldados bien armados: 18 oficiales y 250 soldados resultaron muertos.

 El 5 de marzo de 1872, con un ejército estimado en seis mil combatientes, Calfucurá inició la llamada invasión grande a la provincia de Buenos Aires. Mandaba una fuerza integrada aproximadamente por sus 1.500 lanzas de escolta, sumando 1.500 aportadas por Pincén, mil argentinos de Neuquén y mil chilenos traídos por Alvarito. Sólo los ranqueles de Mariano Rosas se apartaron de su mando, aunque pelearon por su cuenta. De esta forma atacaron los pueblos de General Alvear, Veinticinco de Mayo y Nueve de Julio; resultaron muertos alrededor de 300 criollos, cautivos, 500 vecinos y robadas, 200 mil cabezas de ganado.

 Los araucanos atacaban, así, durante décadas, asentamientos fronterizos, arreaban caballos y vacunos. Las mujeres capturadas eran retenidas por los guerreros o vendidas y los niños, ofrecidos por un rescate. El ganado robado se vendía a hacendados chilenos, que llegaron a instalar una población sobre el río Neuquén, llamada Malbarco, donde engordaban la hacienda antes de trasladarla a su país. Las autoridades chilenas consentían estas actividades.

 Así describía el francés Alfredo Ebelot, constructor de la famosa zanja de Alsina, lo que era un malón o una invasión india: "A eso de las diez una nube de polvo nos anunció que llegaba la invasión. Pronto se distinguió el mugido de los vacunos y, cosa más inquietante, el balido de las ovejas. Catriel venía, pues, arriando sus propias ovejas y todas las que encontró en el camino. Serían unas treinta mil para servir de relleno viviente y cruzar la zanja. Durante cuatro horas vimos sucederse las selvas de lanzas y las inmensas tropas de vacas y de caballos. Había por lo menos 150 mil cabezas de ganado".

 Más de mil colonos cautivos y un millón de cabezas de ganado, robadas, fueron el saldo de las incursiones indígenas entre 1868 y 1874.

 En 1875, adelantaba Julio Roca su proyecto para resolver el problema indio: "A mi juicio, el mejor sistema para concluir con los indios, ya sea extinguiéndolos o arrojándolos al otro lado del río Negro, es el de la guerra ofensiva que fue seguida por Rosas, quien casi concluyó con ellos". Opinaba Roca sobre la zanja: "¡Qué disparate la zanja de Alsina! Y Avellaneda lo deja hacer. Es lo que se le ocurre a un pueblo débil e infantil: atajar con murallas a sus enemigos".

 La guerra del Paraguay (1864-1868) postergó nuevamente el asunto frontera sur. Siguieron los ataques indígenas Durante la guerra, en 1867, el Congreso Nacional sancionó la ley 215. A través de ella se declaró la frontera sur a la ribera de los ríos Negro y Neuquén, con encargo de entregar a las naciones indígenas todo lo necesario para su existencia fija y pacífica, para lo cual mandó darles territorios a convenir; permitió una expedición general contra aquellos grupos que resistieran a las autoridades argentinas, que serían expulsados más allá de la nueva línea de frontera; autorizó la adquisición de vapores para la exploración de los ríos, la formación de establecimientos militares en sus márgenes y el montaje de líneas de telégrafo. Con gratificaciones para los expedicionarios, mediante una ley especial. Esta decisión se aplicaría 12 años después, en 1879.

 Sarmiento inició la modernización del equipamiento básico del ejército nacional, lo que resultó ser de fundamental importancia en la frontera sur, ya que reemplazó los antiguos fusiles y las carabinas de chispa por fusiles de retrocarga Remington y revólveres.

 Cuando Nicolás Avellaneda asumió la presidencia, el cacique Manuel Namuncurá le ofreció la venta de cautivos a 40 pesos oro cada uno y, a cambio de no invadir y alimentar a su población y tribus amigas, pidió: "Cuarenta mil pesos oro, cuatro mil seiscientas vacas, seis mil yeguas, cien bueyes para trabajar, telas de seda, tabaco, vino, armas, cuatro uniformes de general, jabón, etcétera".

 Adolfo Alsina, primer ministro de Guerra bajo la presidencia de Avellaneda, presentó al gobierno "un plan del Poder Ejecutivo contra el desierto, para poblarlo, y no contra los indios para destruirlos". Entonces se firmó la paz con el cacique Cipriano Catriel, que este último rompería corto tiempo después, cuando atacó junto a Manuel Namuncurá las localidades bonaerenses de Tres Arroyos, Tandil, Azul y otros pueblos y granjas en un ataque más sangriento que el de 1872. Las cifras hablan de cinco mil combatientes indígenas que arrasaron Azul, Olavarría y otros lugares vecinos, de trescientas mil cabezas de ganado, de 500 cautivos y de 200 colonos muertos. Habría que pagar rescate por los cautivos.

 El ministro Adolfo Alsina dirigió la defensa de los poblados y las estancias; se concentró en la provincia de Buenos Aires. Respondió al ataque, haciendo avanzar la frontera argentina. Para proteger los territorios conquistados y evitar el transporte de ganado tomado, construyó la llamada zanja Alsina, en 1876, que era una trinchera de dos metros de profundidad y tres de ancho con un parapeto de un metro de alto por cuatro y medio de ancho. La zanja Alsina fue declarada por Argentina una nueva frontera interior con los dominios indígenas: 374 km entre Italó (en el sur de Córdoba) y Colonia Nueva Roma (al norte de Bahía Blanca). Además, Alsina ordenó la instalación de telégrafos para enlazar los fortines a lo largo de la frontera. La construcción de la zanja, al ser sólo una medida defensiva, no resolvía definitivamente el problema de los malones: fue duramente criticada por algunos sectores, partidarios de una acción militar más drástica. Incluyendo al propio Julio Roca.

 Luego de los malones producidos en la segunda invasión grande, Estanislao Zeballos dijo que los indígenas se retiraron con un botín colosal de 300 mil animales y 500 cautivos, después de matar a 300 vecinos y quemar 40 casas.

 El presidente Avellaneda resolvió la Expedición al Desierto, comandada por su segundo ministro de Guerra, el general Julio Argentino Roca, en estricto cumplimiento de la ley del 25 de agosto de 1867, demorada 12 años por las dificultades políticas y económicas del país. Decía la ley: "La presencia del indio impide el acceso al inmigrante que quiere trabajar". Para financiar la expedición, se cuadriculó la pampa en parcelas de diez mil hectáreas y se emitieron títulos por la suma de 400 pesos fuertes cada uno, que se vendieron en la Bolsa de Comercio. Aunque prohibieron la adquisición de dos o más parcelas contiguas, esta venta fue la base de muchas fortunas argentinas.

 La ley, la expedición y la organización fueron discutidas en el Congreso y votadas democráticamente. Todo el país, sobre todo la población del campo, quería terminar con este martirio.

 Acompañaron también enfermeros y auxiliares. Los indios prisioneros y los niños, las mujeres y los ancianos fueron examinados por sus dolencias, vacunados y muchos de ellos remitidos a diversos hospitales de la muy precaria Buenos Aires de esos días.

Se calcula que en el primer año de la Campaña del
 Desierto murieron 1300 indígenas en combate.
 Esta no fue una guerra entre cristianos y "mapuches". Por empezar, la palabra mapuche no figura ni una vez en la copiosa correspondencia de Calfucurá: ver la obra de Omar Lobos, que reproduce textualmente todas las cartas del astuto lonco, redactadas en general por su "escribano", el cautivo chileno Elías Valdez Sánchez, durante el período 1854-1873. Existió una gran fusión de tehuelches y araucanos, gobernada por los indios chilenos que bañaron con su idioma toda la toponimia argentina (desde Chapadmalal hasta Lihuel Calel).

Integraron las tropas argentinas:
-Tribu del cacique Juan Sacamata, tehuelches septentrionales. En 1906, el gobierno argentino, en reconocimiento a su colaboración, les otorgó un territorio de seis mil hectáreas al norte del lago Musters, en el valle de Sarmiento.
-Tribu del cacique Manuel Quilchamal, tehuelches septentrionales cordilleranos.
-Tribu del cacique Catriel, tehuelches septentrionales araucanizados; vivían en la zona de Azul.
-Tribu del cacique Coliqueo, era el resto de los boroganos que se salvaron de la masacre de Masallé; se ubicaban en Los Toldos. Antes, los Toldos de Coliqueo.

Actuaron contra nuestro país:
-Tribu del cacique Tracaleu, araucanos.
-Tribu del cacique Marcelo Nahuel, araucanos.
-Tribu del cacique Juan Salpú, tehuelches septentrionales.
-Tribu del cacique principal Manuel Baigorrita, ranqueles; con sus tolderías en Poitahué.
-Tribu del cacique principal Epumer Rosas (o Epugner Guorr), ranqueles; con sus tolderías en Leubucó.
-Tribu del cacique Reumay-Curá.
-Tribu del cacique Pincén.

 Terminada la guerra, el 24 de mayo de 1880, así era el campo de detención de Valcheta según un colono galés: "En esa reducción creo que se encontraba la mayoría de los indios de la Patagonia (…). Estaban cercados por alambre tejido de gran altura. En ese patio, los indios deambulaban, trataban de reconocernos. Ellos sabían que éramos galeses del Valle del Chubut. Algunos, aferrados al alambre con sus grandes manos huesudas y resecas por el viento, intentaban hacerse entender hablando un poco en castellano y un poco en galés: 'poco bara chiñor, poco bara chiñor' (un poco de pan, señor)".

 Durante este tiempo, los prisioneros fueron trasladados masivamente a la isla Martín García, y luego recluidos en el Hotel de Inmigrantes. El Gobierno dispuso que los niños y las mujeres fueran entregados para trabajar como sirvientes de familias porteñas. El diario El Nacional dio cuenta así: "Entrega de indios. Los miércoles y los viernes se efectuará la entrega de indios y chinas a las familias de esta ciudad, por medio de la Sociedad de Beneficencia".

 Un suelto en el mismo diario, 1884: "La desesperación y el llanto no cesan. Se les quitan sus hijos a las madres para regalarlos ahí mismo, a pesar de los gritos, los alaridos y las súplicas que, hincadas y con los brazos al cielo, emiten las mujeres indias. En aquel marco humano unos se tapan la cara, otros miran resignadamente al suelo, la madre aprieta contra su seno al hijo de sus entrañas y el padre se cruza por delante para defender a su familia".

 En cuanto al genocidio, es un término acuñado en 1945, que no se concebía en el 1800. En realidad, tampoco estamos muy seguros de que se condene hoy, salvo en los discursos. El desgarrador destino de los indios fue el mismo que ellos procuraban a los cautivos cristianos.

 Lo que Roca logró, finalmente, concluyendo la obra de Rosas, Alsina y muchos otros, fue acabar con los asaltos a pueblos indefensos. La tierra fértil quedó disponible. En menos de 25 años, la Argentina era conocida como el granero del mundo. También se evitó la consolidación de un Estado tapón de matriz araucana, que pudo terminar en manos chilenas o británicas. Es decir, fue propiamente una ocupación del territorio argentino, en la que no hubo combates sino batidas. Y la Patagonia dejó de ser res nullius o 'tierra de nadie', tentación para las potencias.

 Pero decía la verdad el cacique Mariano Rosas cuando, ante las promesas de paz de Lucio V. Mansilla, respondía: "Ustedes, los blancos, en cuanto puedan nos van a matar a todos. Nos han dado vicios para que no haya malones: aguardiente, vino, tabaco, yerba, azúcar… pero no nos enseñaron a trabajar".

 Verdad: en las raciones de los caciques figuraban mazos de naipes, acordeones, vino carlón y pañuelos de colores, pero no pidieron (y nadie les dio) ni semillas, ni un arado, ni una pala.

 Ahora bien, tras una guerra de tres siglos (con intervalos) que se presenten unos "mapuches" a reclamar porciones de territorio argentino es como si unos supuestos vikingos exigieran la devolución del Palacio de Buckingham de Inglaterra, por ser "originarios".


✒ Rolando Hanglin | InfoBae | Sábado 16 de abril de 2017.

9.9.17

Los habitantes de la Patagonia, en épocas de Roca y Avellaneda


 Durante su presidencia Nicolás Avellaneda prácticamente duplicó el territorio nacional y apaciguó la frontera a través de la denostada Conquista del Desierto, uno de los episodios más polémicos de nuestro pasado. 
 Para conocer esta etapa no ayuda el poco ético "relato histórico" que durante años se difundió en los medios de comunicación. Dejando de lado el contexto en el que actuaron Avellaneda y Roca. Veamos un poco al respecto. 
 Durante la segunda mitad del siglo XIX, los aborígenes que habitaban la zona meridional de nuestro territorio ya no eran autóctonos: se trataba en su mayoría de mapuches, llegados de Chile, que desalojaron a los pueblos originales, incluso masacrándolos como sucedió con los vorogas. "El núcleo más poderoso y temible de estos indios -explica Ruiz Moreno- se constituyó cuando el Gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, facilitó el arribo y la radicación de un gran cacique para que, dominando a todos los demás, le permitiese tratar con uno solo y no con la diversidad de ellos. Los nativos originarios del suelo fueron aniquilados por los invasores 'chilenos' y así nació la peligrosa Confederación de Salinas Grandes, establecida en 1834".  
 El mismo Calfucurá -en carta al general Emilio Conesa- en abril de 1861 lo reconoció: "Le diré que yo no estoy en estas tierras por mi gusto, ni tampoco soy de aquí, sino que fui llamado por don Juan Manuel, porque estaba en Chile y soy chileno; y ahora hace como treinta años que estoy en estas tierras"
 Dueños legítimos o no del sur, el principal motivo por el que las autoridades nacionales tomaron cartas en el asunto fueron los malones y el posterior comercio de lo robado en Chile. Llegaron a "vender" a las mujeres cautivas. El gobierno del país vecino estaba al tanto. En 1870 el diputado Guillermo Puelma expresó ante el Congreso chileno:
 "En cuanto al comercio: veamos que el de los animales, que es el que más hacen los araucanos, proviene siempre de animales robados en la República Argentina. Es sabido que últimamente se han robado ahí 40.000 animales, más o menos, y que son llevados a la tierra; y nosotros, sabiendo que son robados, los compramos sin escrúpulo alguno, y después decimos que los ladrones son los indios. ¿Nosotros qué seremos?"
 Alfredo Ebelot -ingeniero francés que trabajó en la frontera durante algunos años- dejó sus impresiones al respecto: 
"País montañoso y agrícola, Chile produce poco ganado y consume mucho, gracias a los robos que efectúan los indígenas, de los cuales aprovecha solapadamente. Allí han sido conducidos los centenares de miles de bestias con cuernos que han ido desapareciendo de las llanuras argentinas desde hace veinte años. El sector de la pampa abandonado a los salvajes es recorrido incesantemente por compatriotas chilenos que van de tribu en tribu engrosando sus rebaños con poco gasto (…) Este comercio escandaloso ha contribuido mucho a perpetuar las incursiones"
 Nuestro gobierno protestó formalmente al chileno, pero solo obtuvo respuestas evasivas. La situación era alarmante. Roca, con carta blanca de Avellaneda, tomó las riendas y luego la Patagonia, esa de la que hoy estamos tan orgullosos.


✒ Luciana Sabina | Los Andes | Sábado, 9 de septiembre de 2017.
http://www.losandes.com.ar/article/los-habitantes-de-la-patagonia-en-epocas-de-roca-y-avellaneda

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Imágen: El rato de la cautiva, Mauricio Rugendas (1845)

6.9.17

José Javier Esparza: Nunca hubo un genocidio español en América


 El 12 de octubre de 2005, la agencia oficial argentina Télam emitía un texto donde aseguraba que “con la llegada de los conquistadores se inició un exterminio que arrasó con 90 millones de pobladores de la región y quebró el desarrollo cultural de este lado del Atlántico (…) El mayor genocidio de la historia”.

 ¿En qué se basa esta acusación? Se basa en datos que proceden de la propia época. Uno, muy concreto, son los censos de población india realizados por los españoles en el siglo XVI, que reflejan una reducción brutal del número de nativos. Por ejemplo, los taínos de Santo Domingo pasaron de 1.100.000 en 1492 a apenas 10.000 en 1517. Es decir, en un cuarto de siglo había prácticamente desaparecido la población precolombina de Santo Domingo y las Antillas. ¡Un millón noventa mil muertos en sólo veinticinco años! Esas cifras se extrapolaron después al resto del continente. Sorprende que un número exiguo de españoles fuera capaz de matar a tanta gente en tan poco tiempo, pero, al fin y al cabo, hay un testimonio de la época que lo afirma con toda claridad: el del dominico Fray Bartolomé de las Casas, que contrapone la mansedumbre de los indios a la crueldad de los españoles. Los españoles, en una generación, han matado a más de quince millones de indios, dice fray Bartolomé. Unas líneas más adelante, en ese mismo texto, el buen dominico multiplica esa cifra por dos. Irrefutable, ¿no? Pues no.

El genocidio imposible

 Primero, las cifras del genocidio son imposibles: ¿Noventa millones de muertos en un siglo y pico a manos de sólo 200.000 españoles, que más no fueron los que pasaron a América? Eso cuadra mal. ¿Un millón de muertos en poco más de veinte años, en un solo sitio, las Antillas, y en el siglo XVI, a base de ballesta y arcabuz? Es impracticable, sobre todo si tenemos en cuenta que, al mismo tiempo, los Reyes Católicos habían dado órdenes muy estrictas de tratar bien a los indígenas. Por otro lado, ¿quién hizo el censo? ¿Son fiables esas cifras? Respecto a Las Casas, ¿por qué denuncia tantos crímenes y, sin embargo, nunca dice dónde ni cuándo se produjeron, como tampoco da el nombre del criminal? ¿Y por qué da unas cifras y después, a medida que se va calentando, va subiendo el número de muertos sin temor a la contradicción?

 Y además, si esto pasó en América, ¿por qué no pasó en Filipinas, donde no hay noticia de genocidio alguno (no, al menos, hasta el que perpetraron los norteamericanos a principios del siglo XX)? Aún peor: Las Casas logró su objetivo y en 1547 la Corona prohibió el sistema de encomiendas, que según fray Bartolomé era la causa de las muertes, pero los indios siguieron muriendo. No sólo eso, sino que por dos veces se le autorizó a construir una especie de “república de indios”, que era lo que él reclamaba, y las dos veces sus asentamientos fueron atacados por los propios indios. ¿Por qué? ¿Qué pasa aquí? Nada encaja. Vamos a explicar lo que pasó de verdad.

 Primero, el asunto de la población. Directamente: los censos de la época no valen. Eso lo ha demostrado una norteamericana, Lynne Guitar, de la Universidad de Vanderbilt, que fue a Santo Domingo a estudiar la historia de los taínos y se quedó allí: hoy es profesora del Colegio Americano en Santo Domingo. Y la profesora Guitar descubrió que los censos no es que no sean fiables, sino, más aún, que son inútiles: cuando un indio se convertía al cristianismo y vivía como un español, o más aún si se mestizaba, dejaba de ser censado como indio y era inscrito como español. Y si luego venía otro funcionario con distinto criterio, entonces volvía a ser inscrito como indio, y así hay casos de ingenios de azúcar donde los indios pasan de ser unos pocos cientos a ser 5.000 en sólo dos años, y después la cifra decrece radicalmente para, de repente, volver a aumentar. Para colmo, los encomenderos –los españoles que regentaban tierras y explotaciones- mentían en sus censos, porque preferían trabajar con negros, a los que podían esclavizar, que con indios, cuya esclavitud estaba prohibida por la Corona, de manera que sistemáticamente ocultaban las cifras reales. Es decir que las cifras censales de los indios en América, en el siglo XVI, son papel mojado.

 ¿Cuántos indios había realmente en América? Según los cálculos de Rosemblat, que siguen siendo los más serios, la población total de la América indígena no pasaba de los 13 millones desde el Canadá hasta la Tierra del Fuego. Le recuerdo a usted la nota de la agencia oficial argentina TELAM, hace un par de años: “un genocidio de 90 millones de indios”. Jamás hubo tantos. ¿Mentía entonces fray Bartolomé al hablar de aquel exterminio? Quizá no a conciencia. Las Casas vio graves casos de crueldad. Y vio también muertos, muchos muertos. Era fácil conectar una cosa con otra. Pero hoy sabemos que la gran mayoría de aquellos muertos, que sin duda se contaron por cientos de miles, fueron causados por los virus, algo que ningún español del siglo XVI podía conocer.
La guerra de los virus

 También sobre esto hay estudios incontestables. Desde muy pronto se pensó en la viruela; se cree que la introdujo en América un esclavo negro de Pánfilo de Narvaéz, hacia 1520, y se sabe que hizo estragos en Tenochtitlán. Cuando Pizarro llegó al Perú, encontró que la población estaba diezmada por la viruela mucho antes de que ningún español hubiera asomado por allí la nariz: el virus había viajado por selvas y cordilleras a través de los animales. Estudios posteriores, como el del doctor Francisco Guerra, señalan sobre todo a la gripe porcina, la llamada “influenza suina”, como causante de la mortandad indígena a principios del XVI. El hecho es que los indígenas americanos, que habían vivido siempre aislados del resto del mundo, recibieron de repente y en muy pocos años el impacto combinado de todos los agentes patógenos difundidos por los buques europeos, sus cargamentos, sus animales, sus pasajeros. Un investigador de la Universidad de Nueva York, Dean Snow, precisa que la gran mortandad no tuvo lugar en el siglo XVI, sino después, cuando empezaron a llegar niños, es decir: tosferina, escarlatina, paperas, sarampión; fue letal. Del mismo modo que los primeros establecimientos españoles en América fueron diezmado por las fiebres, así también los indios, en gigantescas proporciones, fueron diezmados por los virus. Virus que sus cuerpos desconocían y que no pudieron resistir. ¿Recordamos algún caso más reciente? Entre los años 1918 y 1919, la llamada “gripe española” causó la muerte de más de treinta millones de personas en todo el mundo. Lo de América no fue inusual.

 Los estudios de los últimos treinta años son prácticamente unánimes: hubo ciertamente altas cifras de mortandad entre las poblaciones amerindias, pero las cifras se reparten por igual entre los indios aliados de los españoles y entre sus enemigos, y aún más, las cifras de mortandad entre los propios españoles son, proporcionalmente, más elevadas aún que las de los nativos. Es decir que la mortandad es cierta, pero no el genocidio.

 Hoy ningún investigador serio discute que la causa principal de la mortandad entre nativos y entre españoles fueron los virus: los indígenas cayeron a mansalva bajo el efecto de enfermedades que los españoles llevaron consigo y que en aquel mundo eran desconocidas, mientras que los españoles quedaban aniquilados por enfermedades tropicales –malaria, dengue, leishmaniasis, tripanosomiasis, etc.- que no sabían cómo tratar. Ya hemos citado el caso del Perú: cuando llega Pizarro, la población del imperio inca lleva varios años soportando los efectos de una dura epidemia de viruela mucho antes de que ningún español hubiera asomado por allí el morrión. Otro dato: cuando Hernando de Soto se encuentra con la misteriosa Dama de Cofitachequi, en la actual Carolina del Sur, lo que halla a su alrededor es un poblado convertido en necrópolis por el efecto de las enfermedades. La llegada a las Indias de los primeros niños europeos, con su carga de varicelas, sarampiones, paperas y demás, fue más letal que cualquier ejército. Mientras tanto, las expediciones de Bobadilla, Ovando y Pedrarias, por ejemplo, contabilizaban hasta un 50 por ciento de bajas mortales apenas dos meses después de haber desembarcado, los de Pizarro caían fulminados por infecciones, etc. Los avances de la Medicina en el último medio siglo han permitido explicar numerosos episodios de este género. Es asombroso que aún hoy tantos historiadores sigan renuentes a introducir el factor médico en sus narraciones de la conquista.

 De manera que hubo, sí, una mortalidad mayúscula de indios en América, pero no fue un genocidio. Un genocidio requiere que haya voluntad de exterminio. Eso no pasó en la América española. Pasará después en la América anglosajona, que sí ejecutó proyectos de exterminio deliberado de la población indígena. Esa misma América anglosajona que ahora maldice a Colón y los españoles.

La verdad de la Conquista

 La conquista española de América, la cruzada del océano, fue propiamente una conquista, es decir, una operación de dominio, de poder, y en su crónica surgen inevitablemente los mismos episodios de violencia, depredación y guerra que en cualquier otra conquista de cuantas la Historia conoce. Pero, al mismo tiempo, fue una empresa guiada por un innegable espíritu de misión en el sentido religioso del término: se trataba de convertir a la Cruz a pueblos que vivían al margen de ella, y por eso en la aventura aparecen elementos tan insólitos como la prohibición de la esclavitud, la protección legal de los indígenas, el mestizaje o la multiplicación de catedrales, universidades y hospitales a lo largo de todo el territorio conquistado. El resultado de todo eso fue un mundo nuevo: un mundo que ya no era el de las culturas amerindias, pero que tampoco era propiamente una España ultramarina, porque la América hispana muy pronto tuvo su singular personalidad. El antecedente más parecido que se le puede encontrar a este magno proceso es la construcción del imperio romano: del mismo modo que Roma creó en Europa un mundo sobre la base de su lengua, sus legiones y su derecho, así España creó en América un mundo sobre la base de su religión, su idioma y su ley.

 Enfrente estaban los indios, por supuesto. Pero también sobre este particular hay que hacer infinitas matizaciones y revisar numerosos tópicos. Los excesos románticos de la literatura indigenista nos han vendido la imagen del pérfido depredador español que llega a las Indias para explotar al buen indio, que dormitaba tranquilamente en la puerta de su bohío. Es una imagen ridícula. Primero y ante todo: los indios son tan protagonistas de la conquista como los propios españoles. Colón jamás habría podido instalarse en La Española sin la aquiescencia de una buena parte de los taínos. Cortés jamás habría conquistado México sin los tlaxcaltecas y otros pueblos aliados, como Pizarro jamás habría conquistado el Perú sin los tallanes, los huancas y los chachapoyas, entre otros muchos. Segundo y no menos fundamental: taínos, tlaxcaltecas, tallanes y demás pueblos aliados de los conquistadores se unieron a los españoles porque estaban siendo salvajemente explotados por los caribes, los aztecas y los incas, respectivamente. Esa era la realidad.

 La estampa del indio que dormitaba feliz a la puerta de su bohío es estrictamente falsa. Las comunidades amerindias, prácticamente sin excepción, eran sociedades muy conflictivas, muy violentas, donde unos pueblos aniquilaban a otros sin la menor contemplación, donde la esclavitud era una institución absolutamente convencional, donde las mujeres –en términos generales- eran usadas como objeto de cambio y donde los sacrificios humanos formaban parte de la vida cotidiana. Todo esto no fue un invento de los cronistas para legitimar la hegemonía española; todos los hallazgos arqueológicos lo confirman. Por eso los pueblos más débiles, los que sufrían la violencia de los más fuertes, se unieron a los españoles de muy buen grado: aquellos sujetos barbudos envueltos en hierro eran su única salvación. La conquista no se sustancia, pues, en un simple esquema “europeos contra indios”. La realidad fue muchísimo más compleja. Y así como hubo algunas poblaciones indígenas enteramente aniquiladas, hubo otras –de hecho, la mayoría- que abrieron la puerta a la conquista y contribuyeron a la radical transformación del continente. Las cosas fueron así. Nunca hubo un genocidio español en América.


✒ José Javier Esparza | La Gaceta (España) | Miércoles 6 de septiembre de 2017.

1.9.17

Lo ridículamente correcto



 Como el primer objetivo de la izquierda es acabar con la Iglesia, se ha dedicado a proteger a los musulmanes


 Gramsci, el ideólogo y fundador del partido comunista italiano, aconsejó a los suyos que se introdujeran preferentemente en dos ámbitos de la sociedad: la educación —incluido todo lo referente a la cultura— y la justicia. Lo primero porque, según él («Cuadernos de la cárcel»), las clases opresoras someten al proletariado a través de un lenguaje específico. Lo segundo porque, a través de jueces afines al partido, podían acosar y destruir moralmente a sus oponentes políticos. Gramsci es, pues, el «inventor» de lo que hoy llamamos «políticamente correcto»: un lenguaje específico que se utiliza para determinar qué se puede decir, quién lo puede decir y dónde se puede decir.

 El que no se somete a esta dictadura, es inmediatamente descalificado —«facha», «racista», «homófobo» y más recientemente «islamófobo»— e incluso es condenado por esos jueces afines, que no tienen ningún pudor en mostrar sus preferencias saltando luego a la política partidista, sin que eso arroje ninguna sombra de duda sobre las sentencias que han dictado antes.

 Lo «políticamente correcto» es una de las tiranías que la izquierda utiliza para controlar la sociedad. Como su primer objetivo no es ayudar a los «parias de la tierra» sino acabar con la Iglesia, se han dedicado a proteger a los musulmanes, con la esperanza de perjudicar a los católicos, además de tener entre ellos un nutrido caladero de votos. Como dominan la cultura, han logrado que incluso gente que no es de su línea política, se pliegue a sus deseos.

Es puro miedo. Miedo a los musulmanes radicales y miedo a no ser políticamente correctos y que los llamen «islamófobos». El resultado es el esperpento que ha estado a punto de tener lugar en el Liceo de Barcelona. En julio se dio la orden de que, al representar la ópera de Rossini «El viaje a Reims», la palabra «cruz» fuera sustituida por la palabra «amor». La denuncia de la cantante, Irina Lungo, lamentando que deba decir «el amor brillará», en lugar del original «la cruz brillará», y la presión recibida al saberse lo que iban a hacer, les ha hecho desistir de sus planes. Censurar a Rossini porque no es políticamente correcto, no es más que la consecuencia de la ridícula dictadura cultural a la que la mayoría se ha sometido.


✒ Santiago Martín | ABC | Viernes 1 de septiembre de 2017.
http://www.abc.es/sociedad/abci-ridiculamente-correcto-201709011910_noticia.html

26.8.17

¿Fue masón el general San Martin?


Conferencia en Santiago del Estero

 Hogaño, afirmar que el general José de San Martin fue masón es casi un lugar común. Esta afirmación se puede escuchar tanto en boca de personas con alguna formación académica o cultural, como en boca de personas de escasos conocimientos históricos; pero en todos los casos huérfanos de una concluyente argumentación probatoria.


 Para los argentinos católicos no es esta una cuestión intrascendente o baladí ya que el hecho de que un arquetipo de la nacionalidad revista la condición de masón implica un rebajamiento de su valía. En primer lugar porque ser masón es absolutamente incompatible con la condición de católico y en segundo lugar porque el accionar patriótico de este se vería así empañado bajo un manto de sospechas al considerárselo supeditado a las directivas de una secta siniestra.

 En efecto, la masonería es una organización secreta que propaga ideologías anticristianas, como el liberalismo y el marxismo, con el fin de quitar al catolicismo de la vida pública de las naciones. Por ello la Iglesia ha sancionado con pena de excomunión a los católicos que dan sus nombres a estas logias.

 La versión de la supuesta condición de masón del Libertador, comenzó a ser acuñada alrededor del año 1880, ya que antes connotados masones como Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento negaron tal posibilidad.

 Así Sarmiento supo decir que: “Cuatrocientos hispanoamericanos diseminados en la península, en los colegios, en el comercio o en los ejércitos se entendieron desde temprano para formar una sociedad secreta, conocida en América con el nombre de Lautaro. Para guardar secreto tan comprometedor, se revistió de las fórmulas, signos, juramentos y grados de las sociedades masónicas, pero no eran una masonería como generalmente se ha creído...”

 Y Mitre, por su parte, afirmó en su Historia de San Martin que “La Logia Lautaro no formaba parte de la masonería y su objetivo era sólo político”.

Fundamentos de la acusación

 Ahora bien, ¿en que se basa esta acusación? ¿Existen pruebas de que San Martin fuera masón?

 El historiador masón grado 33 Augusto Barcia Trelles sostieneen sus obras que nuestro prócer fue masón, pero no aporta ninguna prueba documental de ello. La excusa a semejante orfandad documental es que, según dijo, a pesar de haberla buscado en Argentina, Chile, Perú, España, Inglaterra, Francia y Bélgica; no la pudo encontrar “porque los archivos de las logias han sido destruidos por los nazis durante la ocupación”. Lo que sí se ve que encontró es una excusa ridícula.

 Otro historiador masón Alcibíades Lappas, afirmó que San Martin ingresó en 1808 en la masonería, en la Logia Integridad n° 7, de Cádiz. ¿Qué pruebas aporta de ello? Ninguna.

 Lo mismo quienes dicen que San Martín se hizo masón en Inglaterra, cuando estuvo en la llamada Casa de Miranda, de paso hacia América. Según estos allí nuestro prócer se habría integrado a la logia masónica “Gran Reunión Americana” fundada supuestamente por Francisco de Miranda.

 Quienes se hacen eco de estos dichos, es decir de estas fuentes masónicas, creen que las mismas son de por sí confiables y que por ende su autoridad es incuestionable; por lo tanto se eximen de mayores probanzas. Sin embargo,justamente por provenir de donde provienen esos testimonios deben ser tomados con cautela, ya que sabido es que los masones tratan de hacer pasar por masones a la mayor cantidad posible de personalidades notablesa fin de prestigiar su accionar.

En contra de la imputación

 A la afirmación de que San Martin se afilió a la masonería en Cádiz, hay que decirle en primer lugar –como lo explica Díaz Araujo- que “en el Cádiz de las Cortes pululaban los clubes secretos de masones, carbonarios y sociedades ocultas antimasónicas” y que “los dirigentes de las sociedades secretas luchaban y se desprestigiaban entre sí debatiéndose en diferentes aspiraciones. Las sociedades secretas fueron perdiendo su influjo en la lucha sorda mantenida entre ellas. Desorden que no se hubiera producido si todas esas sociedades y logias hubieran sido de obediencia masónica”. De modo que no todas las secretas que actuaban en aquella época en Cádiz eran masónicas, las había meramente políticas.

 Y esto lo supo la Corona española. En efecto, en una nota secreta de la Secretaría del rey Fernando VII al Gobernador de Cádiz, Villavicencio, del 22 de Agosto de 1816, se decía lo siguiente: “Muy reservado. El Rey ha sabido por conducto seguro que existe una sociedad muy oculta, cuyos ritos son análogos a los de la masonería, pero su único objetivo es la independencia de América.”

 Además de esto, existen otras pruebas indubitables de que la Logia Lautaro no era masónica. En primer lugar, los testimonios de dos hombres que fueron miembros de la logia. Uno, el de JoséMatiasZapiola, quien le dijo a Mitre: La Lautaro no era masónica, sí la de don JuliánAlvarez”. Refiriéndose a la Logia Independencia que este presidia.

 El otro testimonio es el de un sacerdote, Fray Servando de Mier, quien en sus Memorias cuenta que estando en Cádiz fue invitado a ingresar en la Lautaro (como explica Enrique Díaz Araujo los americanos eran mal visto por entonces en Cádiz y para ayudarse se logiaban); ahora bien, este sacerdote mexicano, enterado de las censuras pontificias a la masonería le preguntó a quien le invitó a entrar a la logia, si la Lautaro era masónica, a lo que se le respondió que no, y que el único masón allí era Carlos de Alvear.

 También existe otra prueba documental al respecto que nos da la pauta de los fines políticos y no religiosos de la Lautaro; se trata de una Circular de la Logia del 21 de diciembre de 1816 en la que se daba la siguiente instrucción: “No atacar ni directa ni indirectamente los usos, costumbres y religión. La religión dominante será un sagrado de que no se permitirá hablar sino en su elogio, y cualquier infractor de este precepto será castigado como promotor de la discordia en un país religioso”.

 Pero mayor contundencia probatoria tienen las respuestas que el historiador Patricio Maguire recibió a sus cartas enviadas en 1979 a la Gran Logia Unida de Inglaterra y a las Grandes Logias de Irlanda y de Escocia. En ellas le confirmaron que la Logia Lautaro “no tenía relación alguna con la Francmasonería regular”, y que San Martín no fue miembro de la misma.

 A la teoría de que San Martin de afilió a la masonería en Londres en la llamada Casa de Miranda, Enrique Díaz Araujo dice que es imposible que San Martin se hay podido reunir con Miranda allí porque hacía alrededor de un año que Miranda no estaba en Londres; y que no hay ninguna prueba de que este haya sido masón y menos de que haya existido la supuesta logia Gran Reunión Americana; además de que los verdaderos dueños de esa casa londinense, los venezolanos Andrés Bello y Luis López Méndez, no eran masones y sí católicos prácticos.

 Otro prueba de que es imposible que San Martín haya sido masón es su innegable condición de católico, tanto en el ámbito privado como en el público.

 Al respecto hay que tener presente que la Masonería tiene como un objetivo fundamental la destrucción del orden social cristiano, es decir de la Cristiandad. En ese sentido los masones buscaron denodadamente imponer la separación del Estado y la Iglesia, la enseñanza laica, el divorcio, y en general la supresión de toda manifestación pública de Fe católica.

 Ahora bien –a contrario sensu- San Martín hizo gala de un catolicismo público innegable; promoviendo la confesionalidad de Estado, la enseñanza religiosa, y todo tipo de actos que implican un reconocimiento del reinado social de Cristo en el orden temporal.

 Para no extendernos demasiado con las innumerables muestras de Fe católica de San Martín, enunciamos solo las siguientes: promovió el uso del rosario y el escapulario entre sus soldados, dotó de capellanes a su tropa, nombró a la Virgen del Carmen Generala de su ejército, hizo rezar misas con frecuencia, fundó y auspició escuelas en las que se enseñaba la religión católica, se mostró siempre respetuoso con el clero y rindió su homenaje al representante apostólico de Pio VII de paso por Buenos Aires.

 En particular supo ser un católico intolerante y severo respecto a la blasfemia y a los sacrilegios. En el art. 1° del Código Militar que redactó para su ejército en 1816, estampó una regla aleccionadora:“Todo el que blasfemare el santo nombre de Dios o de su adorable Madre e insultare la religión por primera vez sufrirá cuatro horas de mordaza por el término de ocho días; y por segunda vez será atravesada su lengua con un hierro candente y arrojado del cuerpo de Granaderos.El que insultare de obra a las sagradas imágenes o asalte un lugar consagrado, escalando iglesias, monasterios u otros, será ahorcado... Las penas aquí establecidas... serán aplicadas irremisiblemente”.

 En lo atinente a la confesionalidad del Estado, cuestión que enardece a los masones, San Martin no dejó resquicio alguno para las pretensiones masónicas.

 En la instrucción a Tomás Godoy Cruz, del 26 de enero de 1816, acerca de la forma de gobierno que debería adoptar el Congreso de Tucumán dice: “sólo me preocupa que el sistema adoptado no manifieste tendencia a destruir Nuestra Religión”.

 En el "Estatuto Provisional" del Perú, que dictó el 8 de Octubre de 1821, estableció lo siguiente: “La religión Católica, Apostólica Romana es la religión del Estado. El gobierno reconoce como uno de sus primeros deberes mantenerla y conservarla por todos los medios que estén al alcance de la prudencia humana. Cualquiera que ataque, en público o privadamente, sus dogmas y principios, será castigado con severidad, a proporción del escándalo que hubiese dado”... 3ro: “Nadie podrá ser funcionario público si no profesa la religión del Estado”.

 Con estas disposiciones nomas debería quedar descartada de plano toda posible pertenencia de nuestro prócer a la masonería, pues ¿Cuándo se vio un masón que hiciera todo eso? Sin embargo hay más datos aun que sirven para descartar su filiación masónica.
Todos sus enemigos acérrimos fueron justamente masones o liberales. Entre ellos Bernardino Rivadavia, Carlos de Alvear, José Miguel Carreras; yhay que destacar que fueron estos los que frustraron su intención de instaurar en América una monarquíacatólica e independiente pero dentro del seno de la Hispanidad.

 Díaz Araujo dice que con ese fin operaron tres logias en forma combinada: la Logia Central de la Paz Americana del Sud, formada por oficiales del Ejército Real español que pertenecían al partido liberal, cuyo Venerable era el General Jerónimo Valdés, quien impidió precisamente la paz americana, oponiéndose a los acuerdos de Miraflores y Punchaucaque plantaban la independencia americana y la coronación de un miembro de la dinastía borbónica.La segunda fue la Logia Provincial de Buenos Aires, que presidía en país Bernardino Rivadavia, con ramificaciones en la "Lautaro"; y la tercera, la Logia Republicana Orden y Libertad, cuyo Venerable era José Faustino Sánchez Carrión, que se opuso al proyecto monárquico del Libertador y llevó a Simón Bolivar al Perú.

 De modo pues que a estas Logias masónicas se les debe la balcanización sudamericana, ellas son las responsables de que nos convertimos un puñado de republiquetas sometidas al imperio británico, y no a San Martin, como dicen sus detractores.

 Finalmente, habría que mencionar que existen también otros argumentos que esgrimen los detractores del Libertador pero que son de una endebles tal que raya lo ridículo, y que no alcanzan ni siquiera a ser indicios que puedan justificar un mero estado de sospecha sobre nuestro héroe. Un ejemplo de estos argumentos maliciosos es el referentea una medalla que la masonería belga supuestamente la habría otorgado a San Martin.

 Al respecto hay que decir que un historiador masón, Martin Lazcano, reconoció que “la masonería no reserva sus homenajes para sus propios miembros”. Por otro lado ese hecho por sí solo no prueba nada, pues -como dice Horacio Juan Cuccorese- “¿Existe alguna prueba documental o testimonial reveladora de que San Martín haya aceptado una medalla masónica? ¿Existe constancia de la recepción solemne de la entrega de la medalla, discurso de Gran Maestre de la Logia y palabras de agradecimiento de San Martin? Nada. ¿Habrá tenido conocimiento San Martín de que se acuñó una medalla masónica en su honor? En la correspondencia sanmartiniana tampoco se encuentra nada".

 En conclusión,podemos afirmar que no existe prueba ni evidencia alguna de que San Martin haya sido masón. Y eso es lo que reconocen historiadores como Mitre, Ricardo Piccirilli, Héctor Juan Piccinali, Martín V. Lazcano, Guillermo Furlong, Aníbal Rotjer, Ricardo Rojas, Ricardo Levene; entre otros.

 Por lo que sostener la infamia de su filiación masónica implica continuar –se quiera o no- con el plan pergeñado en su momento por liberales y masones para frustrar los propósitos de independencia, paz y unidad del Gran Capitán, y para desvirtuar su formidable figura arquetípica.



✒ Edgardo Atilio Moreno | Red Patriótica Argentina | Sábado 26 de agosto de 2017.

24.8.17

Abu Lais "el Cordobés", el joven yihadista andaluz que amenaza en video a España en nombre del autodenominado Estado Islámico


 Se hace llamar el Cordobés, pero en los registros policiales consta como Muhammad Yasin Ahram Pérez y es el protagonista del video con el que los seguidores del autodenominado Estado Islámico redoblaron sus amenazas contra España.

 Igual que hicieron después de otras de sus sangrientas acciones en capitales europeas como Londres o París, los círculos yihadistas volvieron a distribuir en internet un video con imágenes de su reciente atentado en Barcelona. El joven Muhammad es el protagonista.

 La grabación, cuya autenticidad la BBC no pudo verificar, se difundió por los medios habituales de EI a través de la red de mensajería Telegram. En las imágenes el joven es identificado como Abu Lais Al Qurdubi, en español, Abu Lais "el Cordobés".

 El Cordobés se convirtió con esta aparición en el primer portavoz del grupo armado en lengua española, ya que nunca hasta ahora sus simpatizantes emitieron un mensaje en esta lengua.

 "A los cristianos españoles, no os olvidéis de la sangre derramada de los musulmanes de la inquisición española. Vengaremos vuestra matanza, la que estáis haciendo ahora actual con el Estado Islámico", advierte.

 Se trata de una alusión a la participación militar española en la coalición contra EI liderada por Estados Unidos. Los yihadistas exigen a España que retire su apoyo.

 Pero, ¿quién es este joven con barba y melena rojiza que se exhibe a cara descubierta y aparentemente armado?

Antecedentes familiares

 De acuerdo con los expertos policiales citados por El País, Ahram Pérez nació en la ciudad andaluza de Córdoba hace 22 años, fruto del matrimonio entre la española Tomasa Pérez y el marroquí Abdelah Ahram.

Cuatro de los detenidos por los atentados de Barcelona pasaron ya a
disposición judicial.
 Él está encarcelado en su país por su supuesta implicación en la captación y radicalización de potenciales adeptos a la causa yihadista. Ella se marchó a Siria en 2014 con él y sus hermanos para unirse al autoproclamado califato de Estado Islámico.

 El Cordobés cumple el patrón que los expertos atribuyen a los jóvenes inmigrantes o hijos de inmigrantes seducidos por EI, ya que fue en su entorno familiar donde supuestamente se produjo su captación por el extremismo islámico.

 Según un informe divulgado por el Real Instituto Elcano de Madrid el pasado diciembre, el domicilio familiar es el espacio en el que se radicalizaron la mayoría de las personas detenidas por las fuerzas de seguridad españolas por su supuesta relación con organizaciones yihadistas.

 Según detalló el citado informe, dirigido por el investigador Fernando Reinares, un factor clave suele ser "la existencia de contacto físico directo con un agente de radicalización al que se atribuye cierto carisma", un papel que en el caso del Cordobés pudo haber jugado su padre.

 En el video aparece también un hombre encapuchado del que no se divulgó ninguna información.

 Desde que hace dos años las autoridades elevaron la alerta antiterrorista al nivel 4, el segundo más alto, 173 personas fueron detenidas por la policía española en el marco de operaciones contra el yihadismo, una cifra que no sirvió para evitar las muertes de la semana pasada en Cataluña.


 En la lista de las fuerzas de seguridad está ahora el Cordobés, que en su mensaje grabado hace un llamamiento a otros musulmanes europeos a tomar las armas: "Si no puedes hacer la hégira (emigración) al Estado Islámico, la yihad no tiene fronteras; haced yihad donde estéis".

 Con su marcado acento árabe, también vaticina que "Al Andalus (nombre dado por los musulmanes en la Edad Media a sus dominios en la Península Ibérica) volverá a ser lo que fue, tierra de califato".

 Una alusión que indica que la elección de su apelativo, el Cordobés, dista de ser casual. La ciudad de Córdoba fue la capital del reino islámico que se extendió por gran parte de la actual España a partir del siglo VIII y conserva vestigios monumentales de la época de la España islámica, como su gran mezquita.

✒ Redacción | BBC | Jueves 24 de agosto de 2017.
http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-41044739

8.8.17

The Mapuche Nation, el pueblo originario con sede en Bristol, Inglaterra

 El centro de operaciones de la "lucha por la autodeterminación" de los mapuches de Chile y Argentina está ubicado desde 1978 en el nº 6 de Lodge Street, en la ciudad portuaria inglesa. Desde allí abogan por la causa.


En el nº 6 de Lodge Street, Bristol, UK, tiene su sede, desde el año 
1978, The Mapuche Nation.

  "El día 11 de mayo de 1996, un grupo de mapuches y europeos comprometidos con el destino de los pueblos y naciones indígenas de las Américas, y en particular con el pueblo mapuche de Chile y Argentina, lanzaron la Mapuche International Link (MIL) en Bristol, United Kingdom", explican las autoridades de esta organización; a saber, Edward James (Relaciones Públicas), Colette Linehan (administradora), Madeline Stanley (coordinadora de Voluntarios), Fiona Waters (a cargo del equipo de Derechos Humanos), entre otros.

Reynaldo Mariqueo –el único mapuche– hace las veces de secretario general secundado por Dame-Nina Saleh Ahmed, vice secretaria general.


 La organización remplaza al Comité Exterior Mapuche que, recuerdan, "opera internacionalmente desde 1978 a partir de su oficina ubicada en Bristol".

 El objetivo perseguido es contribuir al pleno desarrollo de los pueblos indígenas y, "en última instancia, conquistar el derecho a la autodeterminación".

Reynaldo Mariqueo es el “werken”, es decir, vocero o
representante.
 Mientras en el sur de nuestro continente, grupos mapuches, como la agrupación Resistencia Ancestral Mapuche (RAM) o la Coordinadora Arauco Malleco (CAM), le declaran la "guerra a Argentina y Chile", y protagonizan actos de sabotaje, incendios y amenazas, la MIL explica –en inglés– que "the Mapuche Nation está situada en lo que se conoce como el Cono Sur de Sudamérica, en el área actualmente ocupada (sic) por los Estados argentino y chileno".

 "Su identidad como nación autónoma, unida a la conciencia de ser parte de una cultura, una herencia histórica y una espiritual diferentes ha creado un movimiento sociopolítico inspirado en esas aspiraciones comunes", dice The Mapuche Nation.

El mapa de la Mapuche Nation

El territorio ancestral mapuche según la organización con sede en Bristol abarca
 todo lo que está al sur del Bío-bío (Chile) y al sur del Salado y del Colorado
(Argentina).

 Lo que según el sitio británico es el "territorio histórico ancestral" de los mapuches abarca la "Pampa and Patagonia of Argentina" y el sur de Chile. Así lo explican: "La Nación Mapuche está ubicada en el sur de los territorios que hoy ocupan los Estados de Chile y Argentina –afirma la MIL–. Hace un poco más de 130 años su territorio ancestral, y el de otros pueblos originarios aliados, se extendía desde el sur del río Bío-Bío (Chile) hasta el extremo austral del continente, y en Argentina desde los ríos Colorado y Salado hasta el estrecho de Magallanes",agregan.

 Y eso no es todo. Para los miembros británicos de la nación mapuche, el territorio ancestral abarca también las islas Malvinas y la Antártida

Otras actividades del centro de operaciones de Bristol.
Aquí, manifiestan contra el gobierno de Chile.

 En el mismo documento, fijan el año 1860 como el de la "Gran Asamblea Constituyente" en la cual "los más notables representantes del pueblo mapuche" fundaron "un gobierno monárquico constitucional". Y agregan que, "tras la ocupación del territorio del estado mapuche (sic), la Casa Real de dicho gobierno se estableció en el exilio en Francia, desde donde viene operando de manera ininterrumpida desde entonces".

 Curiosamente, a la vez que hacen reivindicación de sus derechos ancestrales y su condición "originaria", los mapuches reconocen una dinastía francesa fundada por la ocurrencia de Orélie Antoine de Tounens (1825-1878), un abogado francés y masón que desembarcó en Chile en 1858 y se autoproclamó Rey de la Araucanía y de la Patagonia.

La monarquía mapuche en el exilio: el rey, Jean-Michel Parasiliti di Para
 o Príncipe Antoine IV, y Su Excelencia Reynaldo Mariqueo,
Conde de Lul-lul Mawidha, a cargo de Asuntos Exteriores.
 "Tanto el gobierno monárquico como el pueblo mapuche en su conjunto jamás han renunciado ni a sus derechos soberanos ni a la restitución de su territorio ancestral", afirman.

 La "monarquía mapuche", entonces, además de ser francesa es hereditaria, de modo que sobre los territorios de Araucanía y Patagonia han "reinado" sucesivamente siete soberanos: Gustave-Achille Laviarde o Aquiles I; Antoine-Hippolyte Cros o Antonio II; Laura-Therese Cros-Bernard o Laura Teresa I; etcétera, hasta llegar al actual, Jean-Michel Parasiliti di Para o Príncipe Antoine IV, desde el 9 de enero de 2014.

La organización de Bristol, Reino Unido, tutela los derechos humanos
 en los “territorios mapuches”.

La corte de Antonio IV se completa con un "presidente del Consejo del Reino, Su Excelencia Daniel Werba, Duque de Santa Cruz" y con un "miembro del Consejo de Estado y encargado de los Asuntos Exteriores, Su Excelencia Reynaldo Mariqueo, Conde de Lul-lul Mawidha y Caballero de la Orden Real de la Corona de Acero" (y, como vimos, secretario general de The Mapuche Nation en Bristol), entre otros.

El conde Reynaldo Mariqueo, de gira por Europa. Está encargado de
las Relaciones Internacionales.
 Aunque denuncia "invasión", "genocidio", "represión", "espionaje" y otra larga lista de supuestos atropellos por parte de los Estados de Chile y Argentina, la "Nación Mapuche" se pone bajo la protección de un país extranjero y reconocen la dinastía inaugurada por un aventurero.

 De hecho, sus territorios ancestrales fueron puestos bajo protección de Francia ya en 1860, lo que claramente implicaba establecer una cabecera de playa de una potencia extranjera en la retaguardia de las jóvenes naciones sudamericanas.

 Además de estos documentos fundacionales, de las listas dinásticas y de la historia mapuche, en The Mapuche Nation pueden encontrarse noticias, denuncias y campañas (como una contra el Tratado de Libre Comercio entre Chile y la Unión Europea).


✒ Claudia Peiró @PeiroClaudia cpeiro@infobae.com  | Infobae  | Martes 8 de agosto de 2017.